Ser consultor freelance de investigación de mercados supone numerosos retos. Darte a conocer, quizá sea la parte más dura, especialmente cuando comienzas. Si además eres un poco tímido, la cosa se complica. Hay que echarle morro y no olvidar que lo que ofreces (tu mismo) es un servicio fiable y de altísima calidad - requisito indispensable: si no se cumple, es mejor no intentarlo -.
Es preciso trabajar la relación con tus clientes y si es el caso, con los clientes de tus clientes - vaya lio -. Aquí la clave es escuchar, analizar y ofrecer respuestas atinadas (lo cual sólo es posible si cumples el requisito y lo aplicaste para escuchar y analizar). Hasta aquí, podría parecer igual a cualquier empresa pequeña de servicios, pero precisamente a partir de aquí donde el reto del freelance se diferencia.
Estas sólo en el desempeño de buena parte de tu labor. Previsiblemente estés sentado frente al ordenador en tu despacho; es posible que tras varios años trabajando desde casa, haya crecido desmesuradamente en tu armario la categoría "ropa de casa". Si sufres un bloqueo o llegas a un punto muerto en medio del análisis, no hay compañeros de trabajo para consultarles - con suerte tienes colegas que están como tu y se alegran de saludarte en el Skype -.
Toma un tiempo, pero se supera. Se contraresta con una gran ventaja. Si estás escribiendo un informe de un producto de gran consumo, vas a super, lo compras, lo usas y/o te lo comes y acabas entendiendo mucho mejor al consumidor. Eso si, no olvides cambiarte de ropa antes de ir al super, no es bueno que te vean tus vecinos en ropa de casa.
Un poco más complejo resulta el mantenerse al día. Por eso, mejor hablaré de ello en mi siguiente post.
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